A veces me siento como si fuera uno de esos árboles altos con muchas ramas entrelazadas. Aquéllas ramas serían las personas que entran y salen de tu vida, trayéndome hacia mi, otras personas. A su vez también representarían mis momentos. Como en las estaciones. En algunas ocasiones, siento que pierdo cosas y las hojas de mi árbol se me caen y las pierdo para siempre. Ya que otra persona viene y las pisotea como si fuera parte del piso.
¿Qué pasa cuando la hoja más preciada se desprende de tu propia rama y no podes hacer nada más que dejarla ir y que el viento se la lleve? Nada. No podes hacer nada. Perdido por perdido.
No soy de rendirme fácil, pero sí de desanimarme rápido. Tiro todo por la borda y nada me importa porque me cegan muchas cosas que no deberían. Pero es inevitable. Este árbol está creciendo y muchas ramas quedan por nacer, así como quedan muchas estaciones por sentir. Calores, fríos y vientos que te hagan abrir los ojos y veas dónde estás parado realmente.
Pero créanme, que es horrible tener esa sensación de no saber dónde estás parada. Observas todo quizás más detallada y detenidamente porque no podés creer muchas cosas.
Adónde van todos los sentimientos que dejamos florecer en nuestro árbol. Quisiera tener más flores por las cuales seguir sacando ramas para sentirme bien. Saber que le hago bien a alguien, que ayudo en cierta forma. Pero ahora si bien es un poco inútil todo, lo mejor que ayuda es la distancia entre muchas cosas y para otras el mejor remedio es callar.
Y que sigan cayendo las hojas como en otoño.
Total en primavera florecerán otras y mucho más lindas. Mientras tanto, que la vida me siga ramificando.

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